El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA) está poniendo a prueba las costuras del marco normativo europeo de privacidad. En los últimos meses, una propuesta en discusión en las instituciones de la Unión Europea ha encendido todas las alarmas y ha abierto un intenso debate jurídico: la posibilidad de permitir que los modelos de IA se entrenen utilizando datos personales de los ciudadanos sin necesidad de obtener su consentimiento previo y explícito.
Esta iniciativa responde a la presión de la industria tecnológica y de diversos sectores económicos que sostienen que la exigencia de consentimiento individual para volúmenes masivos de información (big data) paraliza la competitividad de Europa frente a potencias como Estados Unidos o China. Para sortear este freno, se plantea recurrir a la figura legal del’interés legítimo, una de las bases jurídicas que prevé el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), pero que hasta ahora se ha aplicado de forma muy restrictiva en el ámbito digital.
Sin embargo, basar el entrenamiento de algoritmos en el interés legítimo no equivale a una carta blanca para las empresas. Para que esta vía sea legal, las organizaciones deberían superar un test de ponderación muy riguroso en el que se demuestre que sus intereses no vulneran los derechos fundamentales de los usuarios. Además, se mantendría la obligación de ofrecer un mecanismo sencillo y accesible para que cualquier ciudadano pueda ejercer su derecho de oposición, evitando así que sus datos se incorporen a los modelos de lenguaje o aprendizaje automático.
Ante este escenario, las autoridades de protección de datos y las organizaciones de defensa de los derechos digitales piden mucha cautela. Argumentan que relajar las exigencias de consentimiento podría desdibujar los principios de transparencia y minimización de datos, dejando a los ciudadanos desprotegidos frente a posibles sesgos algorítmicos, perfilados invisibles o reidentificaciones de su información personal.
El mensaje básico es ahora mismo de vigilancia y preparación. Mientras la Unión Europea define el alcance exacto de esta flexibilización, las compañías que desarrollen o implementen soluciones de IA deben seguir realizando evaluaciones de impacto rigurosas y garantizando la máxima transparencia. La clave del futuro digital europeo no debería ser elegir entre innovación o privacidad, sino demostrar que es posible liderar la tecnología respetando los derechos digitales de todos. Luego, claro, está por ver qué camino eligen otros actores como Estados Unidos y eso ya es una incógnita imprevisible.
Jordi Ventura





